En Junín hay una huerta donde sólo crecen zapallos gigantes
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En 5 plantas, 25 calabazas suman unos 1.000 kilos. El año pasado, un tomate pesó cerca de 2 kilos.
Para alimentar a toda la familia. Orgulloso, José Escudero le muestra al fotógrafo de Diario UNO sus enormes zapallos
En una huerta doméstica de Junín hay 1.000 kilos de zapallo. Son cinco plantas que lucen 25
zapallos criollos que pesan un promedio de 40 kilos cada uno. El año pasado allí cosecharon un
tomate que pesó casi dos kilos. “De acá come toda la familia, pero este año no voy a tener otra
opción que tratar de venderles algo a las verdulerías”, dijo el dueño de la chacra.
Hay varios registros en la provincia de huertas que han producido alguna calabaza gigante,
pero son plantas que han generado una única unidad. El caso de Junín sale de lo común, ya que son
cinco plantas y cada una de ellas tiene cinco enormes zapallos que no bajan de los 40 kilos cada
uno y varios superan ampliamente ese peso.
José Escudero (65) es titular de la empresa Hidrogeo, que realiza perforaciones para extraer
agua. Vive con su esposa, Mirta Concatti (58), en la calle Primavera al 129, en pleno casco
céntrico de la ciudad de Junín. Con cuatro hijos y siete nietos, José siempre se ha tomado el
tiempo de cultivar algo en su pequeña huerta, ubicada en el fondo de la vivienda. “Antes, ahí
teníamos conejos y gallinas”.
En el otoño pasado su hijo Daniel (36) fue a Costa de Araujo a realizar un trabajo. A la vera
de una finca vio un zapallo que había sido descartado por los productores debido a que había sido
dañado por el granizo. “Lo traje y se lo di a mi viejo”, recuerda.
De pulpa rosada y sabrosa, el zapallo fue repartido entre la familia, pero don José guardó
cinco semillas. En octubre las plantó pegadas a lo que fueran los soportes del techo del gallinero.
Las plantas crecieron, treparon al techo y lo cubrieron con su frondoso follaje.
“En los primeros días de abril cayó la primera helada y las hojas se quemaron con el frío.
Ahí nos dimos cuenta del tamaño que tenían los zapallos”, dijo José.
Eran 27 enormes calabazas que amenazaban con vencer la resistencia del techo. “Había 27, pero
una se la robaron y otra se pudrió. Ahora hay 25 y creo que cada una de ellas alcanza para
alimentar a toda la familia durante una semana”, aseguró Daniel, el hijo que halló el zapallo en
Costa de Araujo.
El secreto
Cuando se les consulta por el motivo por el que se obtuvo semejante producción, Daniel bromea
y afirma: “Es porque los regamos con agua extraída de las perforaciones que hacemos nosotros”. Don
José da el dato certero: “Es por la tierra y el guano de conejos y gallinas que se acumularon
durante varios años. En el verano de 2007 acá mismo cosechamos un tomate que pesó 1,820 kilos”.
“Es una huerta chiquita pero sumamente productiva que, además de por su fertilidad, logra
semejante productividad por la mano y el cuidado de José. Allí hay melones, tomates, lechuga,
achicoria, perejil (...) La huerta la usamos para el consumo de nuestras familias y siempre
repartimos lo que cosechamos”, concluye Escudero.
